2014-12-10, El País

La afición de Philippe Jarousky por las criaturas de cualquier especie no tiene límites. Hace dos meses, el contratenor del momento se encerró con Yulka, la beluga más a tono del Oceanogràfic de Valencia, para cantar a dúo. Buscó y rebuscó sonidos ignotos en una iniciativa que tenía su veta científica, su dosis de atracción inclasificable para amplios públicos y su punto de experimento alejado de lo convencional tanto para la biología marina como para el arte de la ópera.

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